El centro es la Palabra...

No hay verdadero encuentro de catequesis sin un anuncio claro de la Palabra de Dios. Hemos dicho, al comienzo de estos encuentros dedicados al método catequístico, que la Palabra de Dios se confronta con la vida del catequizando para dar lugar a una nueva vida. La Palabra de Dios es el centro de toda catequesis por el único que enseña es Cristo: Palabra de Dios para los hombres, hoy.

La Palabra de Dios está contenida en la Tradición (transmisión viva de la Palabra de Dios) y la Escritura (Palabra escrita por hombres inspirados por Dios) y expresada y enseñada en el Magisterio de la Iglesia, celebrada en la Liturgia y testimoniada en la vida (obra y enseñanza) de la Iglesia, especialmente en los santos y santas.

La Iluminación, en la catequesis, ha de hacerse presentando al catequizando un pasaje de la Escritura. También, pueden usarse documentos del Magisterio (especialmente del Papa), textos litúrgicos, enseñanza de los santos...

En el encuentro anterior, vimos cómo es preciso comenzar de la vida del grupo que debemos animar. No es un dato menor. Buscamos que el mensaje que vamos a transmitir sea significativo, por tanto, debe estar dirigido a la realidad del grupo de catequizandos, tratando de "tocar" sus intereses, necesidades, interrogantes, dudas, situaciones... Así, luego, esa via que emerge en el diálogo/actividad inicial puede confrontarse con la Palabra de Dios... Volvamos a algunos textos comentandos anteriormente...

Los discípulos de Emaús, como sabemos, volvían a su pueblo cargando sus frustraciones. Jesús se les acerca y, tan solo, les pregunta qué venían conversando. Nada más. Eso basta para comenzar un verdadero encuentro de catequesis. Ellos expresan su dolor y, cuando han sacado a luz toda su angustia (emerge la situación vital), recién ahí, Jesús los ilumina con su Palabra: "¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?". Allí se da la iluminación, allí se da una verdadera catequesis.

Por tanto, proclamar la Palabra de Dios en catequesis, siempre será respuesta a una experiencia de vida que se ha manifestado en el momento inicial del encuentro (si gustan pensar otros ejemplos tomados de los evangelios, pensamos en la Samaritana, en Nicodemo. en el Joven rico, en los primeros discípulos... todos estos encuentros comienzan con una inquietud, necesidad o pregunta de la persona interviniente; sólo, después en que se hizo patente esa situación, Jesús ilumina con su Palabra).

¿Y en nuestra catequesis? ¿Cómo hemos de preparar este encuentro?

Podemos pensar este momento de la Iluminación en tres partes:

1.- Proclamación de la Palabra: se lee el texto que se ha elegido para el encuentro. En caso de trabajar con niños, es recomendable que sean breves. ¿Se pueden usar varios textos? Sí, por supuesto. Siempre cuidando que, por ser varios, no se distraigan del tema/objetivo propuesto.

2.- Aporte del catequista: son las palabras/explicaciones que el catequista preparará para acompañar al grupo. Puede plantearlas a modo de diálogo con el grupo o exponerlas personalmente. Es importante no extenderse demasiado. Aprender a decir lo justo, lo nuclear es una virtud.

3.- Profundización de la Palabra: cuando proponemos a los catequizandos una pregunta para contestar/reflexionar o una actividad para realizar con la Palabra (dibujo, palabras cruzadas, sopa de letras, etc.) estamos buscando que el catequizando se "apropie" del mensaje, lo pueda internalizar, hacerlo propio... Esta actividad tiende a la memoria (poder resguardar, sintéticamente, el mensaje que Dios nos transmite en su Palabra).

Obviamente, esto cambiará en cada encuentro de catequesis, pues no estamos explicando una "receta" para "hacer" un encuentro. El dinamismo propio de la catequesis, nos llevará a variar o profundizar en cada momento del encuentro. Lo importante es que no falte la Iluminación ya que, como dijimos anteriormente, es el centro de toda catequesis.

Last modified: Wednesday, 27 May 2020, 10:21 AM